Google pagó 2.700 millones por Shazeer. Lo perdió de todas formas.

En seis semanas, tres de los investigadores más importantes del planeta han abandonado Google. Los datos detrás de la mayor fuga de talento IA de los últimos años.

9 min de lectura Actualizado el

En este artículo

El Cuñado dice: "Con los recursos de Google, nadie les puede competir"

Tiene sentido sobre el papel. Google lleva décadas siendo el lugar donde van a morir los mejores ingenieros del mundo: sueldos astronómicos, infraestructura sin igual, acceso a datos que ninguna startup puede soñar. La narrativa de "Google como fortaleza inexpugnable del talento IA" no se inventó de la nada.

Pero hay un problema con esa narrativa. Los datos de junio de 2026 la hacen pedazos.

En menos de seis semanas, tres investigadores que no son simplemente "muy buenos" han salido por la puerta. No son perfiles reemplazables con otra ronda de contrataciones en Stanford. Son personas cuyo trabajo está literalmente en los cimientos de la IA moderna. Y se han ido a la competencia.

Esto no es un problema de recursos. Es un problema de algo más difícil de comprar.


Tres salidas. Seis semanas. Un patrón.

Vamos por orden cronológico, porque la secuencia importa.

Mayo de 2026: Andrej Karpathy se une a Anthropic.

Karpathy es cofundador de OpenAI y la persona que acuñó el término "vibe coding", esa forma de programar dejándose llevar por la IA que ha colonizado el vocabulario del sector. Se incorporó al equipo de preentrenamiento de Anthropic. No venía de Google directamente, pero su fichaje fue la primera señal de que Anthropic estaba construyendo algo más que un laboratorio: estaba construyendo un imán de talento de primer nivel.

Alrededor del 18 de junio de 2026: Noam Shazeer anuncia su salida a OpenAI.

Aquí es donde la historia se pone seria. Shazeer es vicepresidente de ingeniería en el equipo de Gemini y, más relevante aún, coinventor de la arquitectura Transformer. Si no sabes qué es un Transformer: es la "T" de GPT. Es la arquitectura que subyace a prácticamente todos los grandes modelos de lenguaje actuales, desde Claude hasta Gemini pasando por GPT-4o. Sin el paper "Attention Is All You Need" de 2017, del que Shazeer es coautor, la IA generativa tal como la conocemos no existe.

Ese hombre se va a OpenAI.

Y hay un detalle que convierte esto en algo más que una noticia de recursos humanos: en 2024, Google pagó 2.700 millones de dólares para licenciar la tecnología de Character.AI, la startup que Shazeer había fundado tras una primera salida de Google, y de paso recontratarle. Dos mil setecientos millones. Para recuperar a una sola persona. Dieciocho meses después, Shazeer se va a OpenAI. Sin que conste que Google haya pagado nada para retenerle esta vez.

Dos días después: John Jumper anuncia que deja Google DeepMind para fichar por Anthropic.

Jumper es el investigador detrás de AlphaFold, el sistema de IA que resolvió el problema del plegamiento de proteínas, uno de los grandes retos sin resolver de la biología molecular durante cincuenta años. Por ese trabajo, Jumper y Demis Hassabis, CEO de Google DeepMind, recibieron el Nobel de Química en 2024. Sí, un Nobel. De los de verdad.

Según una fuente cercana al caso citada por Business Insider, Jumper tiene por delante un año de garden leave, el período de excedencia remunerada con cláusula de no competencia que las empresas usan para proteger información sensible antes de que el empleado pueda empezar en la competencia. Eso confirma dos cosas: que Google considera su conocimiento suficientemente crítico como para pagar un año de sueldo sin que trabaje, y que Anthropic está dispuesta a esperar.

Tres personas. Tres salidas. Menos de seis semanas.


Lo que dijo el mercado (y por qué importa más que el comunicado de prensa)

El lunes siguiente a los anuncios, las acciones de Google cayeron hasta un 7% en intradía, cerrando con una bajada del 5%. Eso es mucho dinero evaporándose en pocas horas.

Ahora bien: hay que ser honestos aquí. No está demostrado que la caída fuera exclusivamente por las salidas de Shazeer y Jumper. Los mercados son ruidosos y varios factores pueden mover una acción el mismo día. Pero la correlación temporal es suficientemente ajustada como para que los inversores, que tienen acceso a los mismos titulares que tú, estuvieran leyendo exactamente lo mismo y sacando sus propias conclusiones.

Lo que el mercado estaba descontando no era "Google pierde dos empleados". Era: ¿hasta qué punto el proyecto Gemini depende de personas concretas que ya no están ahí?

Es una pregunta legítima. Y el comunicado de la portavoz de Google no la responde. La respuesta oficial fue la estándar: la empresa confía en su capacidad de atraer y retener talento, tienen una cantera profunda de doctores, investigadores e ingenieros de primer nivel, y un puñado de salidas no cambia su trayectoria. Todo técnicamente correcto. Todo completamente vacío como respuesta a la pregunta real.


La frase que resume el problema mejor que cualquier nota de prensa

Samira Khan, empleada de Google DeepMind, lo escribió en X con una precisión que ningún director de comunicación habría aprobado:

"La densidad de talento en Google es extremadamente alta… pero solo hay un Noam Shazeer."

Ahí está la grieta.

Google tiene masa. Tiene cientos, probablemente miles, de investigadores e ingenieros de altísimo nivel. Logan Kilpatrick, del equipo técnico de Gemini, también salió en X a decir que hay "muchas cosas en el pipeline" y que el equipo está "esperanzado y enfocado". Puede que sea verdad. Probablemente lo sea.

Pero la masa y las singularidades no son lo mismo, y en la carrera hacia la IA avanzada, la distinción importa de una forma que ningún organigrama puede neutralizar.

Un investigador que puede contratar Google mañana es muy bueno. Shazeer es la persona que inventó la arquitectura sobre la que corre todo lo demás. Jumper es la persona que resolvió un problema de cincuenta años con una red neuronal y se llevó un Nobel por ello. Karpathy es la persona que definió cómo la próxima generación va a relacionarse con el código.

Estos no son perfiles que se reemplazan con otra ronda de entrevistas. Son nodos en una red de conocimiento, intuición y credibilidad que se construyen durante décadas y que, cuando se van, se llevan consigo cosas que no están en ningún repositorio de código.


El contexto que Google no menciona: Anthropic está ganando donde más duele

Hay un dato estratégico en todo esto que va más allá de los nombres propios.

Según Business Insider, Anthropic y OpenAI se han adelantado a Google en codificación, que ha emergido como el primer gran caso de uso empresarial de la IA moderna. No es un nicho marginal. Es el segmento donde las empresas están empezando a escribir cheques en serio, donde los equipos de ingeniería están evaluando herramientas y donde se está construyendo la base de clientes de los próximos años.

Google es consciente de ese gap y está moviendo piezas para cerrarlo. Pero ahora lo hace sin Shazeer liderando parte del esfuerzo en Gemini, y compitiendo contra un Anthropic que acaba de añadir a Karpathy, Jumper (cuando termine el garden leave) y que lleva meses construyendo tracción en el mercado enterprise.

Y aquí viene el matiz que complica la narrativa de "Google está perdiendo": Google tiene una participación importante en Anthropic. Eso significa que, en cierta medida, se beneficia financieramente del éxito de la empresa que acaba de llevarse a sus mejores investigadores. Es una cobertura extraña. Como tener acciones del equipo que acaba de fichar a tu delantero estrella: técnicamente no pierdes del todo, pero tampoco es exactamente una victoria.


El precedente que nadie quiere mencionar: Meta también jugó este juego

Esta guerra de talento no empezó con Shazeer ni terminará con Jumper. El verano pasado, Meta intensificó su propio asalto: ofreció cantidades descritas como "impresionantes" para llevarse a más de una docena de investigadores top de DeepMind y Scale AI para su laboratorio de Superinteligencia.

El patrón es el mismo: una empresa con ambiciones enormes y capacidad de pagar decide que la forma más rápida de acortar distancias no es contratar juniors brillantes, sino llevarse directamente a los investigadores que ya han resuelto los problemas difíciles en otro sitio.

La diferencia esta vez es la concentración. En pocas semanas, Anthropic ha conseguido atraer a tres figuras que no son solo muy buenas, sino que tienen un tipo de credibilidad y conocimiento acumulado que el dinero puede facilitar pero no fabricar. Karpathy, Jumper, Shazeer: tres nombres que cualquier investigador de IA del planeta reconoce al instante.


Lo que no sabemos (y por qué importa decirlo)

Hay cosas que los datos disponibles no responden y que sería deshonesto ignorar.

No se conocen los motivos concretos que dieron Shazeer y Jumper para irse. No sabemos qué condiciones económicas pusieron OpenAI y Anthropic sobre la mesa, ni si Google hizo una contraoferta. No está claro si la caída de la acción fue exclusivamente por estas salidas o si confluyeron otros factores de mercado ese lunes. Y no sabemos cuántos otros investigadores han salido de Google en el mismo período sin que sus nombres hayan llegado a los titulares.

Lo que sí sabemos: Google pagó 2.700 millones para recuperar a Shazeer en 2024 y lo perdió dieciocho meses después. Jumper se va con un año de garden leave que Google está pagando para proteger información competitiva. Y Anthropic ha construido en pocas semanas un cartel de talento que ningún press release puede neutralizar.


Masa versus singularidades: por qué esto no es un problema de RR.HH.

La respuesta corporativa de Google tiene una lógica interna válida: la empresa no depende de ninguna persona concreta, tiene profundidad de banco, hay proyectos en marcha que no se van a detener por tres salidas. Todo eso puede ser cierto.

Pero esa lógica confunde dos tipos de contribución que no son intercambiables.

La mayoría del trabajo en un laboratorio de IA de escala, incluso en el más avanzado del mundo, es trabajo acumulativo: entrenar modelos, ajustar hiperparámetros, construir infraestructura, evaluar benchmarks. Ese trabajo lo puede hacer mucha gente muy buena. Se puede contratar, se puede escalar, se puede distribuir.

Luego hay otro tipo de trabajo: el que cambia el marco conceptual de todo lo demás. El paper de los Transformers no fue una iteración incremental. AlphaFold no fue una mejora del 15% sobre el estado del arte anterior. Fueron saltos que redefinieron lo que era posible. Ese tipo de trabajo no se distribuye en un equipo de cien personas. Lo hace una persona, o un grupo muy pequeño, en el momento exacto en que tienen la intuición correcta y el tiempo para desarrollarla.

Google pierde masa cuando se va alguien bueno. Lo que ha perdido en estas seis semanas son singularidades. Y eso es un problema de física, no de recursos humanos.

Fuentes

  1. The AI talent wars are heating up again, but there's a key difference this timebusinessinsider.com · 2026-06-23