Cuatro de cada cinco dólares en IA van a cargo de deuda: el problema que el Cuñado no te cuenta
Los hiperescaladores llevan meses emitiendo deuda récord en mercados que antes ni tocaban. El retorno de esa infraestructura no está probado. Y el reloj corre.
En este artículo
El Cuñado tiene razón en la dirección. Se equivoca en quién paga mientras tanto
El Cuñado dice: "La IA va a generar billones en retorno. Esto es la mayor creación de valor de la historia."
Lo suelta con la cara de quien acaba de leerse el PDF de un fondo de capital riesgo y ya se ve comprando un yate en 2028.
La realidad es: nadie sabe cuándo llega ese retorno. Ni los que están poniendo la pasta de verdad. Y mientras el retorno no llega, alguien tiene que financiar la infraestructura. Ese alguien, cada vez más, son los mercados de deuda. En divisas que los hiperescaladores antes ni tocaban. Con estructuras que llevan poco tiempo en el mercado. Y sobre monetizaciones que todavía no existen.
Por qué importa saberlo: porque cuando el ciclo de crédito cambie (y cambia siempre) el peso de esa deuda no lo va a notar el Cuñado. Lo va a notar cualquier empresa o sector que dependa de que esa infraestructura siga barata y disponible.
El capex que casi dobló en un año
Para entender la magnitud, hay que empezar por los números del gasto.
Según BNP Paribas, el capex conjunto de los hiperescaladores (Amazon, Microsoft, Alphabet y compañía) rondará los $725.000 millones en 2026. Para que eso tenga contexto: a mediados de 2025 esa cifra era aproximadamente la mitad. En menos de doce meses, el gasto en infraestructura de IA casi se duplicó.
JPMorgan va más lejos. Estima que ese capex puede superar $1,1 billones en 2027 y que el gasto acumulado en IA hasta 2030 alcanzará los $5,5 billones. Son cifras que ya no caben en una hoja de cálculo normal: estamos hablando del PIB de Japón, el tercero más grande del mundo, empleado en construir infraestructura de computación durante seis años.
Hasta aquí, podría ser la historia de una industria apostando fuerte por una tecnología transformadora. La parte interesante viene cuando preguntas de dónde sale ese dinero.
Cuatro de cada cinco dólares: la estructura de financiación
JPMorgan estima que de esos $5,5 billones en capex de IA hasta 2030, unos $4,1 billones se financiarán con deuda. Eso es el 74,5% del total. Redondeando: cuatro de cada cinco dólares de gasto en IA van a cargo de deuda.
Esto no es anómalo por sí solo. Las grandes corporaciones siempre han usado deuda para financiar inversiones de capital. Lo que cambia aquí son tres cosas que juntas merecen atención:
Primero, el volumen es sin precedentes. $4,1 billones en deuda para financiar una sola categoría de inversión tecnológica, en un plazo de seis años, no tiene comparación histórica reciente. Para que la cifra aterrice: toda la deuda corporativa de grado de inversión emitida en EE. UU. en un año récord ronda los $2 billones, según proyecciones de Morgan Stanley para 2026.
Segundo, el gasto crece más rápido que el flujo de caja operativo. Los hiperescaladores generan caja, y mucha. Pero el ritmo al que están aumentando el capex supera el ritmo al que crece su flujo de caja. La diferencia la cubre la deuda. Eso funciona mientras el crédito sea barato y el mercado confíe en que el retorno llegará. Ambas condiciones son variables.
Tercero, están buscando mercados nuevos para colocar esa deuda. Y eso es la señal más clara de que el mercado doméstico ya no absorbe solo.
Amazon en euros, Alphabet en yenes: cuando el mercado de siempre se queda pequeño
En marzo de 2026, Amazon emitió €14.500 millones en una sola emisión de bonos en euros. Según LSEG (uno de los principales proveedores de infraestructura e información de mercados financieros), fue la mayor emisión corporativa en euros de la historia.
Alphabet no se quedó atrás. Batió récords de emisión de deuda en yenes japoneses, francos suizos, libras esterlinas y dólares canadienses. Y colocó el primer bono corporativo a 100 años emitido por una empresa tecnológica desde 1997.
Un bono a 100 años es un instrumento inusual. Le estás pidiendo a un inversor que confíe en tu capacidad de pago hasta el año 2126. Alphabet lo colocó. El mercado lo compró. Eso dice algo sobre el apetito inversor actual, pero también sobre la necesidad de diversificar dónde se coloca la deuda cuando los volúmenes son de este tamaño.
Esto no es gestión normal de tesorería. Es una búsqueda activa de capacidad de absorción en mercados que estos actores históricamente no usaban con esta intensidad. Cuando una empresa necesita emitir en euros, yenes, francos suizos y libras esterlinas simultáneamente, es porque el mercado en dólares ya no puede tragarse todo sin mover el precio.
"Cuatro de cada cinco dólares de gasto en IA van a cargo de deuda. Y el gasto sigue creciendo más rápido que el flujo de caja operativo."
Las estructuras nuevas: Stingray y los 15 pagarés que nadie explica en LinkedIn
Para financiar infraestructura de IA también han aparecido vehículos que hace tres años no existían. El ejemplo más claro es Stingray Compute.
Stingray emitió un pagaré de $810 millones respaldado por un contrato de arrendamiento con Amazon. La lógica es simple: Amazon se compromete a arrendar capacidad de computación, ese contrato sirve como colateral, y con él se emite deuda que compran inversores de alto rendimiento (high yield). La emisión tuvo una sobresuscripción de 9 veces: por cada dólar disponible, los inversores pedían nueve.
Según Morgan Stanley, en el último año se han cerrado unas 15 operaciones similares vinculadas a contratos de arrendamiento con hiperescaladores, vendidas a inversores de alto rendimiento. No se conocen los volúmenes agregados, plazos ni condiciones detalladas de esas 15 operaciones. Lo que sí está documentado es que existe un mercado creciente para este tipo de estructuras.
Hay quien ha querido comparar estos vehículos con los SIVs (Structured Investment Vehicles) y CDOs que protagonizaron la crisis de 2008. El paralelismo tiene gancho narrativo, pero los datos no lo sostienen sin matices importantes: las estructuras son distintas, los subyacentes son contratos de arrendamiento con empresas solventes (no hipotecas subprime empaquetadas), y los niveles de transparencia son diferentes. La comparación con 2008 es una historia que vende bien en Twitter. Como análisis financiero riguroso, necesita bastante más trabajo.
Lo que sí está documentado sin ambigüedad: la deuda relacionada con IA ya representa cerca del 15% del total de emisiones de grado de inversión en EE. UU., según Barclays. Eso es una concentración sectorial relevante en un mercado que Morgan Stanley proyecta que superará los $2 billones en emisiones en 2026, un récord histórico.
El mercado absorbe. Por ahora.
El problema real: monetizaciones que todavía no existen
Todo lo anterior sería menos preocupante si hubiera claridad sobre cuándo y cómo se recupera esa inversión.
No la hay.
El retorno de la infraestructura de IA no está probado a la escala que justifica este nivel de gasto. Los hiperescaladores tienen ingresos crecientes en cloud y servicios de IA, pero la brecha entre lo que gastan en capex y lo que generan en flujo de caja libre se está ensanchando, no cerrando. Y nadie (ni JPMorgan, ni BNP Paribas, ni los propios hiperescaladores en sus calls de resultados) sabe con precisión cuándo llega el punto de inflexión.
Esto no significa que el retorno no vaya a llegar. Puede llegar. Probablemente llegará en alguna forma. El problema es que se está construyendo una estructura de deuda masiva sobre una promesa de monetización cuyo calendario es desconocido.
Cuando los modelos de negocio no están probados y el endeudamiento es récord, el riesgo no desaparece: se desplaza. Se desplaza hacia los inversores que compraron esos bonos a 100 años. Hacia los fondos de high yield que compraron los pagarés de Stingray y sus 14 primos. Hacia cualquier empresa que haya tomado decisiones de inversión asumiendo que la infraestructura de IA seguirá siendo accesible y barata indefinidamente.
La paradoja de Jevons aplicada al precio del token añade otra capa: a medida que la infraestructura se abarata, el consumo crece, lo que presiona de nuevo el capex. El ciclo de inversión no tiene un techo visible por ahora.
Lo que el Cuñado no te dice sobre los billones
El Cuñado no miente cuando dice que la IA va a generar billones. Probablemente tenga razón en la dirección. Lo que omite (porque no lo sabe o porque no le conviene saberlo) es el detalle de la estructura financiera que sostiene esa apuesta.
Que cuatro de cada cinco dólares de ese gasto van a cargo de deuda.
Que esa deuda se está colocando en mercados nuevos porque el mercado doméstico ya no absorbe todo.
Que las estructuras de financiación que respaldan parte de esa deuda llevan poco tiempo en el mercado y su comportamiento bajo estrés es desconocido.
Que el retorno que justifica todo esto no está probado y el horizonte temporal es incierto.
Y que cuando el ciclo de crédito cambie (no si, cuando) el ajuste no lo va a pagar el Cuñado. Lo van a pagar los sectores que construyeron su estrategia asumiendo que esta fiesta dura para siempre.
Eso no es razón para no invertir en IA. Es razón para saber exactamente en qué estás invirtiendo. Y sobre todo, con cuyo dinero.